La anorexia nerviosa se caracteriza por una restricción de la ingesta alimentaria, lo que da lugar a una considerable pérdida de peso que se mantiene por debajo del mínimo esperable para la edad, sexo o el desarrollo evolutivo de cada paciente, hasta llegar en ocasiones a un estado de grave desnutrición. (APA, 2014), La anorexia nerviosa suele empezar durante la adolescencia o la edad adulta temprana. Rara vez empieza antes de la pubertad o después de los 40 años, aunque se han descrito casos de inicio tanto temprano como tardío.
Esta pérdida de peso está originada por el propio paciente, a través de una disminución de la ingesta de alimentos que se acompaña frecuentemente de conductas encaminadas a perder peso: autoprovocación del vómito, uso o abuso de laxantes y diuréticos o la práctica de ejercicio físico intenso.
Además, existe una preocupación obsesiva por el peso y la forma corporal que suele manifestarse en comportamientos ritualizados alrededor de la comida, como la evitación de alimentos específicos o la adopción de rituales detallados durante las comidas, por ejemplo, el tomar grandes cantidades de agua para sentirse satisfechos sin tener que comer suficiente comida. Este miedo intenso a engordar no se alivia por lo general con la pérdida de peso. De hecho, la preocupación por ganar peso puede aumentar incluso cuando se pierde. La pérdida de peso se ve a menudo como un logro impresionante y un signo de extraordinaria autodisciplina, mientras que el aumento de peso se percibe como un fracaso inaceptable del autocontrol.
La anorexia suele traer diversas consecuencias en la persona que padece este trastorno, todas estas consecuencias pueden ser la malnutrición, desequilibrio de electrolitos, deterioro óseo, complicaciones gastrointestinales, amenorrea crónica (en el caso de mujeres), e incluso puede llegar a afectar la función cerebral. Aunque algunos individuos con este trastorno pueden admitir que están delgados, a menudo no reconocen las graves consecuencias médicas de su estado de desnutrición.
La mayoría de las veces se tratan en consultas externas, aunque en algunos casos más graves es necesaria la hospitalización para realimentación o estabilización de problemas médicos (desnutrición, deshidratación).
Características de la anorexia nerviosa
- Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conduce a un peso corporal significativamente bajo (inferior al mínimo normal) con relación a la salud física.
- Miedo intenso a ganar peso o engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso con un peso significativamente bajo.
- Alteración en la forma en que uno percibe su propio peso o constitución, influencia impropia del peso o la constitución corporal en la autoevaluación, o falta persistente de reconocimiento de la gravedad del bajo peso corporal.
El tratamiento de la anorexia nerviosa implica un enfoque multidisciplinario que aborda tanto los aspectos físicos como los psicológicos del trastorno.
- Hospitalización: Si la vida del paciente corre peligro inminente, puede necesitar tratamiento en la sala de emergencias de un hospital, y puede que deban hospitalizarlo en el caso de complicaciones médicas, problemas psiquiátricos o desnutrición grave, o si el rechazo a comer es continuo. Algunas clínicas se especializan en el tratamiento de personas con T.C.A. y pueden ofrecer programas residenciales o diurnos en lugar de la hospitalización completa.
- Atención médica: Debido a la gran cantidad de complicaciones que causa la anorexia, en ciertos casos se necesita controlar con frecuencia los signos vitales, el nivel de hidratación y electrolitos, además de otras afecciones físicas relacionadas. En casos graves, es posible que el paciente necesite recibir alimentación a través de una sonda nasogástrica.
- Restauración nutricional: Los nutricionistas y profesionales de la salud trabajan en colaboración para desarrollar planes de alimentación equilibrados y supervisar la recuperación del peso corporal adecuado.
- Psicoterapia: Las terapias que suelen ser útiles para tratar la anorexia son la terapia familiar y la terapia cognitivo conductual (T.C.C.).
- Terapia familiar: Este es el único tratamiento basado en evidencias para los adolescentes con anorexia. Dado que el adolescente con anorexia no puede hacer buenas elecciones sobre alimentación y salud mientras padece esta afección grave, esta terapia moviliza a los padres para que ayuden al niño con la recuperación de la alimentación y el peso hasta que el niño pueda tomar buenas decisiones sobre su salud.
- T.C.C: Para los adultos, la T.C.C. ha demostrado buenos resultados. El objetivo principal es normalizar los hábitos y las conductas de alimentación para apoyar el aumento de peso. El segundo objetivo es cambiar las creencias y los pensamientos distorsionados que mantienen la alimentación restrictiva.
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